25 años después, entiendo por qué sonó ese teléfono
- Esteban Díaz MNT

- hace 3 días
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En marzo de 2001 salí de una reunión con la cabeza llena de términos y ese cansancio raro que dejan las juntas que “aclaran” sin aclarar.
Habíamos ido a pedirle a la autoridad la interpretación de una norma. Regresé a planta al mediodía. Y entonces sonó el teléfono.
Era una colega que había estado conmigo en la misma reunión.
—Oye, ¿me explicas otra vez lo que vimos?
Mi primer pensamiento fue casi grosero: ¿Qué no estuvimos ahí?
Pero respiré y se lo expliqué. Punto por punto. Treinta minutos. Preguntas, ejemplos, repeticiones. Al final colgué y me quedé mirando el teléfono como si fuera un objeto nuevo.
Ese día no lo supe. Pero esa llamada me estaba mostrando algo que tardaría años en entender del todo: que saber no es suficiente. Que el valor real está en la capacidad de hacer útil lo que sabes para alguien más.
Lo que vino después nadie me lo enseñó
Unas semanas después me pidieron apoyo en una empresa. Fui. El dueño me preguntó cuánto cobraba. Dije un número. Me dijo que sí. Me acompañó a la salida, se subió a su camioneta y se fue como si nada.
Y ahí vino una pregunta que me perseguiría durante años: ¿Por qué no cobré más?
No era culpa. Era que todavía no entendía el juego. No sabía medir impacto, urgencia ni riesgo. Solo sabía trabajar y resolver. Y eso, siendo necesario, no es suficiente para construir un negocio.
Con ese primer proyecto en mano entendí algo básico: no podía hacerlo solo. Busqué a una asesora, le propuse un porcentaje, aceptó. Y sin darme cuenta había hecho lo que define un negocio real: armar un equipo.
El error que casi nadie te advierte al emprender
Después vino una sociedad con dueños de PYMES que necesitaban laboratorio. Empezamos como empiezan casi todas las historias reales: con ganas y sin presupuesto.
Para generar flujo, empecé a dar capacitación. Aprendimos las bases del negocio a la mala: contadores, cuentas, gastos, renta, luz, teléfono. Todo lo que nadie te explica cuando te dicen “emprende”.
Al año presenté un estado de resultados. Había números, había avance. Me sentí orgulloso.
Y entonces los socios me dijeron algo que me encendió una alarma interna:
—No puedes comprar ni una pluma sin nuestra aprobación.
Ahí entendí que una empresa puede tener números y aun así no tener libertad. Que puedes estar creciendo y al mismo tiempo estar atrapado.
Tomé una decisión difícil: di por terminada la operación. Cancelé todo.
El inicio real
Dos semanas después mi primera socia me llamó.
—Voy a empezar mi empresa. ¿Quieres ser mi socio?
Ya habíamos aprendido mucho. Y sobre todo habíamos aprendido lo más importante: qué errores no volver a tener.
Así nació SICA. El 2 de junio fuimos a ver a nuestro primer cliente. Ese momento se volvió historia. Hoy, 25 años después, ese primer día sigue siendo el punto de referencia de todo lo que construimos.
Han pasado personas, clientes, amigos, cambios. También han pasado altibajos, presión real de pagar nómina y noches donde la duda es más grande que la certeza.
Porque emprender no es una foto bonita. Es aguantar, ajustar, volver a intentar y seguir aprendiendo.
Por qué te cuento esto
No es nostalgia. Es contexto.
Hoy el grupo tiene varias piezas: asesoría, capacitación, academia online, división editorial. Y la parte que queremos impulsar con más fuerza: el Instituto de Consultores — un espacio para elevar el nivel de los consultores y capacitadores de la industria de alimentos.
Te cuento esta historia porque tal vez tú estás justo en una etapa parecida a la que yo viví. Con dudas, con presión, con la sensación de que no sabes si vas bien o si te estás equivocando.
Lo que aprendí en 25 años es esto: los que construyen algo sólido no son los que nunca se equivocan. Son los que aprenden a distinguir entre un tropiezo y una señal de que hay que cambiar de dirección.
Y la mayoría de las veces, el inicio no parece un inicio. Parece una llamada de teléfono un martes al mediodía.
Para que te lleves a reflexionar
¿Cuál fue tu “llamada”? El momento, la conversación, el proyecto que en su momento no pareció gran cosa pero que hoy reconoces como el punto donde todo empezó.
Si estás en los primeros años de tu práctica, ese momento puede estar pasando ahora mismo. Y probablemente no lo estás viendo todavía.
Si quieres construir una práctica de consultoría que dure, no una que sobreviva
En el Instituto de Consultores compartimos cada semana lo que aprendimos en 25 años: cómo conseguir clientes, cómo estructurar tu negocio, cómo cobrar bien y cómo crecer con método.
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